Antes acudía a ti ante cualquier problema que me surgiese. Y funcionaba. Me mirabas en silencio con esos ojos simpáticos y sonreías. Entonces la calma llegaba y ningún relato terminaba sin que te devolviese el cumplido.
Querida Chin, ¿cómo es la vida más allá del cristal? ¿Acaso tienes tú otra sonrisa que te calma el insomnio? ¿Sueñas en las cadenas de gente buscando a gente? ¿De sueños persiguiéndose y entrelazándose unos a otros?
Aquí los giratiempos no existen, los recuerdos son nuestro máximo valor y el futuro se mide en oportunidades. Recuerdo el campo estrellado, la hoguera, el agua y la cueva. Pero, ¿sabes qué? Me cuesta distinguir las sombras y los recovecos.
¿Recuerdas el pasillo y la mano? La cabeza llena de delirios de futuro y de incógnitas invisibles. Me encantaba descifrarte y susurrarte que te comprendía. Recordarte que el libro requería un gran-gran prólogo. Y nuestros puntos a modo de “hasta luego”.
¿A dónde se dirigen tus pasos ahora? ¿Por qué has cambiado el cristal por otro rincón de recreo?
mmm.. Querida Chin, cuando recibas esta nota, no te olvides de una cosa: ¡¡chúpate un elfo!! Te busco, desde aquí y desde ahora. Así que.. hasta nuestro próximo encuentro!
Los días pasan y pasan. Y con ellos se acumulan el polvo del recuerdo y el silencio. Reposan las horas futuras dispuestas a sorprendernos con cada galope a medio tendido.
Y las palabras que subrayas con cada aliento, se las lleva el viento. Imaginas que llegan a algún sitio, acogedor, desconocido y conocido al mismo tiempo. Así las cosas tendrían algún sentido.
Una vez que las aventuras de niños se esconden tras la cortina, resulta complicado ponerlas de nuevo a la luz. Es como intentar pegar las migas a la barra de pan una vez desperdigadas en la mesa.. Lo interesante es que al hacerlo, conseguimos el resultado pluscuamperfecto.
El de los tejados con lentejas y las huertas de macarrones. Los palillos en las paredes y el árbol en la imaginación.
Y por eso se han inventado los tiempos negativos, los positivos y los absolutos. Para disfrutarlos con multivariantes y música de jazz de fondo. De noches lluviosas y paréntesis con puntos suspensivos.
Hace un montón de tiempo que no te escribo. Pero ahora que la tele no nos escucha, ni los vecinos me escriben el sueño, me gustaría decirte que sigo aquí.
No es una buena época, aunque debiera serlo.
Mis días tratan de querer imposibles distintos a los que estaba acostumbrada. Y eso cuesta un mundo, dos, cincuenta.
Llegar a casa no es igual, tirarse en cama no es igual.. y los domingos no son iguales. Así crece la obsesión por ver cosas diferentes cada día. Rallando siempre la probabilidad, no la posibilidad.
Echo de menos mi yo no pensando en estas cosas y poder dejarme llevar por tonterías. Como escribirte de esta manera, como haberme acordado de que al otro lado del cristal, esperas mudo y paciente a que regrese. Sin importar la rabia, el dolor o la apatía.
Mi lado del mundo tiene cosas que quizás envidies (porque yo tb lo haría en tu lugar) “Cosas” que nunca cambiaría. “Cosas” que me hacen olvidar a menudo todas los cuentos chinos que te cuento ahora al oído.
Ya no se trata de crecer bien. Ahora es el turno de sobrevivir con lo que se ha crecido.
No hay úlceras sin ausencias, ni fisuras sin dolor.
El oxígeno se oxida a mayor velocidad de la habitual y la respiración se resiente.
Sin embargo, un día te levantas por la mañana y no hay ni una cosa ni la otra. No notas rubor, hinchazón, calor (ya no) ni dolor.
Y al no ver la firma en el cuadro, llegas a tocarlo sin miedo. Lo repasas con cariño mientras el tiempo pasa ausente. Algún día recuperarás hasta eso.
.. y mientras tomas el café para despertarte gritas en un susurro apenas audible “en otra vida, quizás”.
El día será lluvioso y el ansiado viento, no faltará.
Queridos invisibles.. siento las ausencias.. y mis miedos..
Hoy tiene el día idiota. Vacío, titubeante, gris, inquieto, narciso.
Y un momento después cambia a ligero, entrecortado, tímido, lirio.
No ha logrado que pasase de ese límite. En su conclusión más dudosa y abstracta resuenan aires de Nobel susurrando “tranquila, querida. Mañana será otro día..”
En la oscuridad sonríe pensando qué se inventará la conclusión mañana para calmarla. Y qué ha hecho que sus cuentos ahora sean tan realistas, tan sintiempo, tan prosaicos.
Los cristales dormitan despedazados por el suelo. Ni uno solo ha logrado herirla. Ni los toca, ni los piensa. Sólo sueña con el aire que logre barrerlos a ellos sin pertubar la razón del Nobel de arriba..
Y es que los días idiotas sólo se curan con días en blanco, ventosos y raros.. con días en los que todo es resueltamente inesperado.
Cuando pasa un tiempo considerable en el que no escribo, resulta más difícil ponerse a ello. Pierdo la práctica de observar, contar o incluso encontrar algo que valga la pena publicar.
Y no es que no quiera decir muchas cosas.. tengo la sensación de que las quiero guardar para que no se pulvericen al contacto con el aire. Como si contándolas traicionase un no-sé-qué-que-qué-sé-yo.. y no volviese a ser lo mismo.
Así que ocupo el día en tararearlas en silencio.. mmm.. un silencio-galería-sol-océano..
Con frecuencia hablo y hablo sin parar. Relleno silencios sin contenido, borrones que no deberían existir, obviedades, renglones sobrantes, capítulos prescindibles. Debería volver al tiempo en el que sabía que un silencio disfrutado era mucho más que una montaña de letras bonitas. Qué traicioneras ellas.. y qué desmemoriada yo.
Al tiempo en el que él me decía “escribe, escribe.. lo harás genial” Al día anterior a la última vez que me lo dijo..
Después de todo, y tras tantos años, lo hago en parte. Desperdicio a diario palabras enteras.. y las escribo a medias. No obstante, él no llegará a saber nunca de su existencia..
Es tarde. Tarde para mi cabeza, mis ánimos, mi ingenio. Sin embargo, el tic-tac de mi despertador no parece perturbado en su cómoda rutina de mantenerme insomne.
Te escribo por primera vez desde mi atalaya para presentarme formalmente al mundo. Al mundo que pasa por ser de nadie. ¿Por qué elegirte a ti entre todos? Para lograr vaciarme por dentro. Sin prisas. Sin pausas. Sin remordimientos.
El caos lo invade todo. Estoy tan acostumbrada a eso que ya no me asusta. Hace tiempo que no. Señalo al caos porque es parte de mí, de mi atalaya, de tu no-ser. Está formado por mis inseguridades, mis divagaciones, mis negaciones, mis miedos y mi diplomacia. Me encantaría saber si a ti te pasa lo mismo. Aunque por ahora, sólo pido que me leas. Sin prisas. Sin pausas. Sin remordimientos.
Querido nadie.. vayamos por partes.
Mis inseguridades son tan mías como mis pulgares lo son de mi mano. Adornan al caos, lo hacen en parte lógico, desordenadamente lógico. Como el cajón de calcetines que nunca es ordenado por pares, pero al que siempre recurro sabiendo que están todos ahí. Y en ningún otro sitio en el mundo. La mayor, parte de mí misma. La menor, parte de lo que no espero del resto. La que más tiempo ocupa en mi habitación, surge de mis pactos en relación al personal ajeno, no permitido en ella.
Mis divagaciones frenan mis motivaciones. En ocasiones confieso que resultan divertidas.. demasiado. Se pasan mis días intentando darle la parte especial que no encuentro. Son frágiles pero duran más tiempo del permisible. Se enredan unas con otras y confunden a mis calcetines perfectamente desordenados. Sin embargo, no podría vivir sin sus paseos a ninguna parte. Como si permaneciese sentada en la parada del autobús todas las mañanas y no cogiese el primero que llegase, sino el segundo. Sólo para poder sentir media hora mía.. y de nadie más.
Mis negaciones.. configuran, sin duda alguna, la parte más traicionera. Sin embargo, sus propósitos son siempre lícitos: jamás dejarían que me complicase la existencia. Jamás. Surgen del momento, del límite reducido al último segundo, del nerviosismo.. y sobretodo del miedo. Sus indicaciones son tan perfectas que siempre engañan a mis preferencias. Por eso las llamo así.. y no decisiones no-afirmativas. Son la contestación consciente a mis deseos.. para seguir existiendo como hasta ahora, sin más.
Mis miedos son numerosísimos, inmensos. Pero no imagino al señor Sin Miedo. Podría considerarlos el resto de los dedos de mi mano, la parada del autobús mientras espero o los deseos hipotéticos que nunca llegan. Es difícil definirlos como parte de algo.. aunque no hace tanto tiempo que los considero de esa forma. Asusta más comprobar que tienes una tercera mano a considerarlos parte de las que ya tienes. Por eso es el caos más familiar ahora, menos esperpéntico.
Y en cuanto a mi diplomacia.. lo que de verdad me pican son dos cosas: no saber utilizarla u olvidarme de mí en el intento. Es la parte que mantiene caminos despejados, no muy anchos, pero útiles. Es sorda al conjunto, pero sensible a cada parte. Es el momento en que me siento tras un mal día y me asegura que mañana será diferente. El momento en el que miro a la cara al resto y me doy cuenta de qué necesitan escuchar de mí.. y qué necesito cambiar de mí para ellos.
Con todo esto (y todo lo que falta) gano y pierdo.. incluso a veces empato. La mayoría de las veces ni juego.
Querido nadie, no sé qué más contarte. El tic-tac ha cesado.. aprovecharé para dormir hasta mi próximo insomnio.