Querido nadie,
Hace un montón de tiempo que no te escribo. Pero ahora que la tele no nos escucha, ni los vecinos me escriben el sueño, me gustaría decirte que sigo aquí.
No es una buena época, aunque debiera serlo.
Mis días tratan de querer imposibles distintos a los que estaba acostumbrada. Y eso cuesta un mundo, dos, cincuenta.
Llegar a casa no es igual, tirarse en cama no es igual.. y los domingos no son iguales. Así crece la obsesión por ver cosas diferentes cada día. Rallando siempre la probabilidad, no la posibilidad.
Echo de menos mi yo no pensando en estas cosas y poder dejarme llevar por tonterías. Como escribirte de esta manera, como haberme acordado de que al otro lado del cristal, esperas mudo y paciente a que regrese. Sin importar la rabia, el dolor o la apatía.
Mi lado del mundo tiene cosas que quizás envidies (porque yo tb lo haría en tu lugar) “Cosas” que nunca cambiaría. “Cosas” que me hacen olvidar a menudo todas los cuentos chinos que te cuento ahora al oído.
Ya no se trata de crecer bien. Ahora es el turno de sobrevivir con lo que se ha crecido.
Querido nadie.. hasta nuestro próximo tropiezo.