Antes acudía a ti ante cualquier problema que me surgiese. Y funcionaba. Me mirabas en silencio con esos ojos simpáticos y sonreías. Entonces la calma llegaba y ningún relato terminaba sin que te devolviese el cumplido.
Querida Chin, ¿cómo es la vida más allá del cristal? ¿Acaso tienes tú otra sonrisa que te calma el insomnio? ¿Sueñas en las cadenas de gente buscando a gente? ¿De sueños persiguiéndose y entrelazándose unos a otros?
Aquí los giratiempos no existen, los recuerdos son nuestro máximo valor y el futuro se mide en oportunidades. Recuerdo el campo estrellado, la hoguera, el agua y la cueva. Pero, ¿sabes qué? Me cuesta distinguir las sombras y los recovecos.
¿Recuerdas el pasillo y la mano? La cabeza llena de delirios de futuro y de incógnitas invisibles. Me encantaba descifrarte y susurrarte que te comprendía. Recordarte que el libro requería un gran-gran prólogo. Y nuestros puntos a modo de “hasta luego”.
¿A dónde se dirigen tus pasos ahora? ¿Por qué has cambiado el cristal por otro rincón de recreo?
mmm.. Querida Chin, cuando recibas esta nota, no te olvides de una cosa: ¡¡chúpate un elfo!! Te busco, desde aquí y desde ahora. Así que.. hasta nuestro próximo encuentro!